Cuando uno quiere tener hijos y el otro no es una de las situaciones más complejas que puede atravesar una relación. Se trata de un conflicto que no solo implica diferencias de opinión, sino también proyectos de vida, valores personales, expectativas de futuro y necesidades emocionales profundas. Cuando esta discrepancia aparece, es habitual que ambos miembros de la pareja experimenten frustración, miedo, tristeza o incluso culpa.